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21 de diciembre de 2008

El arte de besar




Una adolescente apenas iniciada en esto del beso pregunta en los foros: "¿Por qué es casi imposible parar de besar después de un primer beso apasionado?". Para ésta, como para todas las adicciones, los biólogos tienen la respuesta: "Cuando besamos, el interior de la boca y los bordes de los labios segregan una sustancia química muy específica que pide más de lo mismo".

También han encontrado explicación para que, incluso en la más negra oscuridad, las parejas casi nunca acaben besándose en la nariz. Según un estudio de la Universidad de Princeton publicado en 1997, "el cerebro humano está equipado con neuronas que le ayudan a encontrar los labios de su pareja tanto con los ojos cerrados como en espacios sin luz".

Y es que el beso como motivo de investigación parece ser también adictivo. Un estudio alemán ha analizado incluso las consecuencias del beso matutino, ése que se dan las parejas al despedirse cuando se van a trabajar. Los hombres que besan a sus esposas por la mañana pierden menos días de trabajo por enfermedad, tienen menos accidentes de tráfico, ganan de un 20% a un 30% más y viven unos ¡cinco años más! Para Arthur Sazbo, uno de los científicos autores del estudio, la explicación es sencilla: "Los que salen de casa dando un beso empiezan el día con una
actitud más positiva".

David D. Coleman, autotitulado experto en besos y autor de libros al respecto, señala que "muchos hombres son demasiado agresivos, ásperos, precipitados e incultos cuando besan. No conocen las cuatro pes: paciencia, pasión, parsimonia y presión adecuada, por lo que dejan pasar gran parte del placer. Además, ponen demasiado énfasis en el beso francés (con lengua incluida), y se lanzan a él con demasiada rapidez.

En concreto, durante un beso se ponen en acción más de 30 músculos faciales. "Los labios, el interior de la boca y la lengua son de las zonas más exquisitamente sensibles del cuerpo humano", dicen en el Instituto Kinsey para la Investigación sobre la Sexualidad. "Cinco de los doce nervios craneales que afectan a las funciones cerebrales intervienen en el beso erótico y debido a las conexiones
neuronales de labios, lengua y mejilla con el cerebro, un beso permite detectar en la otra persona muchos datos, entre ellos la temperatura, el gusto y el olor, entre otros datos muy interesantes.

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